Oda a la Mediana Edad

¿Recuerdas los días de despreocupación? Días vacíos, pero de diversión al fin y al cabo. Las proteínas y el descanso eran gratuitos, junto con la limpieza y los caprichos. Tan solo se te obligaba a sostener un bolígrafo y mantener un libro abierto.

Esos largos días dieron paso a otros un poco más cortos pero algo más aprovechables, en los que tu mantenimiento te sigue saliendo gratis mientras aumenta tu rebeldía y el mundo se pone en contra tuya. El amor acecha en las esquinas, a veces acompañado y prácticamente a diario en solitario.

En un suspiro los días se acortan drásticamente, como un hachazo. El mismo hachazo que usas para lo que antaño te venía gratis, como por arte de magia. Magia llevada a cabo por unos magos llamados padres, que con suerte siguen guardando varios ases en la manga que te sacan de algún apuro.

A pesar de haber volado no te sientes libre. Varías cadenas en forma de mensualidades en tu cuenta bancaria o de meses acumulados en la oficina del INEM, cohíben tu libertad y no te permiten volar, a veces ni siquiera andar, al destino que creías que merecías. El sufrimiento es más latente cuando no siempre puedes realizar los trucos de magía de tus progenitores para con tu progenie.

Bienvenidos a la mediana edad.

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