La Velocidad y el Tocino

Pues sí, resulta que es difícil ser escritor aficionado, o amateur, como queráis llamarlo. Y es que te surgen los mismos problemas que a un escritor profesional: falta de ideas, el miedo a afrontar el folio en blanco (o el documento en blanco, en esta época digital) o directamente no eres capaz de desarrollar una supuesta buena historia. El lado bueno es que los aficionados no estamos atados a un plazo de entrega, que según he leído, es la pesadilla de todo escritor. Aunque bueno, esto no es del todo cierto, porque, aunque es verdad que no tenemos plazo, tampoco podemos descuidar la cadencia de publicaciones, ya que si te relajas un poco, lo rápido que empieza la gente a leerte también dejará de hacerlo. Es una de las consecuencias del ritmo de vida del siglo XXI.

Otra diferencia a tener en cuenta es el reconocimiento, y es que mientras al aficionado le llega en forma de visitas y “me gustas”, al profesional le llega en forma de cheque, y quieras que no, no se, como que te inspira más. No me malinterpretéis. Está muy bien llegar a mucha gente y que le guste lo que escribes (yo aún ando en pañales en este tema y mi difusión es muy escasa), al fin y al cabo ese es el primer objetivo. Pero si a todo esto se le añadiera algún cero que otro a tu cuenta corriente (a la derecha, por supuesto, que a la izquierda ya tengo de sobra), pues mejor que mejor.

¿Que adónde quiero llegar con esto? Pues muy sencillo. Como he dicho, hay que escribir con asiduidad para no perder el ritmo, aunque a veces es difícil encontrar un tema con gancho, pero resulta que si haces lo que yo estoy haciendo ahora mismo puede resultar más sencillo. Y no es otra cosa que enrollarte al principio sin decir nada claro, y cuando te des cuenta, resulta que llevas un tercio del artículo escrito. Y, ¿sabéis qué? Que le voy a echar un par de huevos y voy a hablar de comida, nunca mejor dicho. (Nota del autor: En esta última frase, cada uno es libre para interpretar lo del par de huevos y la comida como buenamente pueda).

shutterstock_396437116reducidaQuisiera empezar con algo que, supuestamente, es una exquisitez, y no es otra cosa que el marisco. Lo primero, tengo que decir que a mí no me gusta. Bueno, la mayoría del marisco no me gusta, y el que me gusta un poco (que tampoco mucho), no me gusta pelarlo, osea, que estamos en las mismas. Y es que no entiendo que algo que se parece a un saltamontes pueda resultar tan sabroso. A ver, yo comprendo que hace algunos años, para la gente no pudiente, pudiera resultar llamativo el hecho de comer marisco, ya que en muy contadas ocasiones sucedía esto, poco más que en comidas de Navidad y en las bodas. De hecho, uno de mis recuerdos en estas bodas era la gente sacando las bolsas de Simago llenándolas con todo el marisco que no se comían. Lo triste es que esto lo sigo viendo, cuando hoy en día, este “manjar” está al alcance de prácticamente cualquier bolsillo. Sinceramente, creo que la gente sigue atiborrándose de marisco porque subconscientemente lo siguen teniendo como algo inalcanzable y piensan que será la última vez que lo coman.

Después tenemos algo que por mucho que intenten convencernos los que lo comen, nunca, al menos yo, les daremos la razón de que está bueno. Me refiero, por supuesto, al caviar. Vamos a ver, el caviar está malo, y eso es así. Ni lo acompañes de paté, de mantequilla o de lo que te dé la gana. Está malo y punto. El sabor es desagradable lo mires por donde lo mires, y esto sin valorar que estamos comiendo huevos de pez gelatinosos. Lo gracioso es que las personas que lo comen están convencidos, o se quieren convencer a sí mismos, de que está rico. Y claro, es que el postín y la clase que da el comer caviar hace que más de uno tenga que hacer el paripé por tal de aparentar algo que no es: – “Mira a ese pringao” – “¡Ostias! Que está comiendo caviar, seguro que es alguien importante”. Pero lo peor de todo es que después, muchos de estos que dicen que el caviar es como la ambrosía, son capaces de soltarte que no les gusta, no se, la leche condensada por ejemplo. ¿Qué cantidad de papilas gustativas tienes que tener atrofiadas para decir semejante disparate? En fin, de todo tiene que haber para que los demás parezcamos buenos.

Yo personalmente me dejo de rollos y prefiero comer más sencillo, porque a más sofisticación, menos solidez tiene la comida. Como decimos por aquí, comer “algo que se pegue al riñón”. Es lo que tiene haberse criado a base de bocadillos de chopped o de foie gras, que pierdes la finura, pero ganas unas kilocalorías que pueden venir muy bien en períodos de vacas flacas. Porque nunca sabes cuándo vas a necesitar que tu cerebro esté lo más activo posible, gracias a una buena alimentación, y poder salir del paso de alguna situación adversa que se te presente, como por ejemplo querer escribir algo en tu blog, pero que no se te ocurra nada original.

Y ya sabéis, publicad con frecuencia y cuidad vuestros estómagos.

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