Semana Sarta (de Hipocresía)

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Pues bueno, Domingo de Resurrección parece que es. Otra Semana Santa a la saca. ¿Y ahora qué? ¿De qué van a vivir y presumir los “devotos”?

Cada año, sobre todo últimamente con el crecimiento de alcance de las Redes Sociales, nos inundan de cristos, vírgenes y demás parafernalia procesional, y ¿para qué? me pregunto yo. Bueno, no me pregunto, sé para qué es. Todo es puto postureo. Hoy en día, como pertenezcas a una cofradía tienes la necesidad de que todo el mundo sepa lo devoto y religioso que eres, y lo guapo/a que es tu cristo/virgen. Religión y devoción que, por supuesto, solo dura una semana, bueno, más el tiempo de ensayos.

Porque señoras y señores, ¿cuántos de ustedes saben o calculan el porcentaje de esta gente de fe que pisa el resto del año una iglesia? Exacto, prácticamente nadie, salvo en alguna boda o comunión. Lo que demuestra lo que realmente sienten o creen y que su espiritualidad es cero, que es todo un paripé. Todo esto provoca que los que de verdad lo sienten y la fe les acompaña todo el año, sean eclipsados por la inmensa mayoría poser.

De las especialidades de este gremio, mis favoritos sin duda son los costaleros (para el que no lo sepa o no esté familiarizado con el término, son los que portan los tronos). Primero que conste que tengo amigos y familiares que ejercen, lo cual no quita que siga pensando lo mismo de ellos. Y es que este colectivo es un filón si quieres sacarles provecho en tono de humor, hipocresía, etc. Hasta casi religioso si me apuras. Hay muchos ejemplos para esto. A mi, sin ir más lejos, me hace mucha gracia que todos tienen “su cristo”. Todos. Y digo yo, ¿cuántos cristos hay? ¿tan baratos son para tener todos uno? ¿hay que hacerle sus papeles como si fuese un coche? No se, es que desconozco un poco el tema.

Después otro ejemplo de devoción: estuve en un restaurante con mi mujer, en una zona próxima a una iglesia en la cual se encerraba una procesión. Mientras estábamos tomando algo, iban llegando los costaleros que habían terminado su turno, todos con el costal puesto, claro está, para que sepamos que son costaleros, da igual el calor que pegue. Para el que no lo sepa, el costal es una especie de tela de lino y saco de café, que se enrolla y se pone en la cabeza. Eso ya no se lo quitan en todo el día, vaya que alguien los vea y no sepan que han cargado con un trono, y claro, el postureo entonces no tendría sentido. Luego, poco a poco empezaron a entrar en el restaurante, sobre todo uno de ellos, se ve que era el más inteligente, hablando a voces en mitad del salón, bebiéndose los tercios de cerveza de un trago (insisto, son costaleros, gente dura), ajustándose el fajo y haciendo estiramientos con su pie encima de una silla, pero esto no disimuladamente en una esquina, no, al lado de todas las mesas donde estábamos la gente no devota comiendo, aguantando los vocinazos que pegaba el tío y a veces hasta recibiendo casi empujones porque le faltaba sitio para seguir haciendo el subnormal.

La celebración en el restaurante cuando llegaron todos se alargaría hasta las tantas de la madrugada, imagino, y me lleva a lo que me preguntaba yo allí mismo. Ese es el objetivo. Ni sacar al cristo, ni devoción, ni más gilipolleces. El objetivo es hincharse de comer y beber hasta no poder más, lo que hace que la fe se convierta en una excusa para excederse. Nada más y nada menos. Estoy seguro que si después de la procesión no fueran al bar a celebrarlo no irían ni la mitad a cargar un trono.

Bueno, y no quiero olvidarme de las conversaciones que oyes cuando están todos juntos, los niveles de cuñado se salen de la media: “viste la procesión de ayer? no tienen ni puta idea de llevar el paso”, “el que había al lado mio se agachaba y yo era el que más peso llevaba de mi fila”, “yo es que como mido 2,5 cm más que tú pues cargaba 7,25 Kg más”, y más frases profundas por el estilo.

Repito, no todos se engloban aquí, pero es tal la fuerza de estos que está por encima de todos y, os lo aseguro, los que pasamos de estas cosas es lo que vemos.

Luego tenemos a otras especies que se pasean también por las procesiones, pero ya no voy a profundizar tanto: tenemos a los penitentes y similares, que van descalzos o dándose latigazos y cosas por el estilo, pero bueno, de estos no diré nada porque hablar mal de gente que tiene algún tipo de retraso esta feo. Y finalmente tenemos a los fieles que van a ver las procesiones desde que salen, hacen su recorrido y se encierran. Sí, esos mismos que ante cualquier adversidad laboral, social o incluso la muerte de un familiar se mantienen firmes, pero si el día de la procesión está lloviendo rompen a llorar como si no hubiese un mañana. Benditos sean.

Y hasta aquí voy a llegar, que para pasar de estas cosas demasiado rato le estoy echando ya, o bueno, quizás esto me ayude a superar los malos ratos que me hacía pasar mi madre cuando me llevaba a las procesiones y tenía que ponernos a mi hermana (llorando como si la hubiesen matado) y a mi en primera fila para que no perdiésemos detalle.

PD: Costaleros, amigos, cuando os digan que bajéis la basura, no os hagáis los remolones, que eso pesa menos que un trono. Un abrazo.

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