Tardes de Café y Donuts

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Arrancas el coche, preparas la música y conduces durante una hora, dirección sur.

Llegas al destino sin sobresaltos. Esperando, un amplio parking, del cual tratas de memorizar la zona y el color, por aquello de no pasar después dos horas buscando.

Planta uno: tiendas, tiendas, tiendas y más tiendas. Ropa por aquí, complementos por allá, hasta que por fin se hace la luz en forma de cartel de Fnac.

Subes y empiezas a mirar. Quieres este libro, este cómic, este juego, estos auriculares, pero ¡alto!, ¿has olvidado que no tienes un duro? ¡Ay! pobre infeliz.

Sales porque no quieres seguir martirizándote y avanzas a la zona de restauración. A pesar de estar recién comido, serías capaz de comer en todos y cada uno de los sitios. Puta dieta.

Espabilas y te diriges a tu cometido: comprar ropa formal para una comunión. Cola de cinco minutos para entrar. Pasillos atestados de gente, codazos, empujones y por fin llegas a la zona de caballeros. Coges un pantalón y una camisa. Venga, vámonos. ¡Espera! Que hay que probarse la puta ropa. Setenta metros de cola a los probadores. Te pones los auriculares para amenizar y casi te da tiempo a escuchar entera “La Flauta Mágica” de Mozart. Te pruebas todo y sales a pagar (haciendo cola, obviamente). Por fin libre. Pero no del todo.

Después de dos o tres horas, solo has visitado el 5% de las tiendas y tus piernas no responden como deberían. Comienza la búsqueda imposible de un banco libre. En vano. Ves bancos llenos de personas con la misma cara que tú, de dolor de piernas, esparramados en el asiento y rodeados de bolsas del Primark.

Pues nada, vuelves a la zona de restauración otra vez y por fin te sientas y puedes, a precio de oro, merendar medio en condiciones. Un café, que has pedido en vaso mediano y te ponen en uno pequeño, y un donut relleno de chocolate, saltándote la dieta como un campeón, a pesar de que el relleno consiste solo en un pequeño bocado en la zona central.

Vuelves al parking, guardas las bolsas y el camino de vuelta. Una hora, dirección norte y terminas la aventura donde empezaste, en tu casa. Y mira, así pasas un lunes tan ricamente.

Respetando y apoyando al pequeño comercio y a pesar de las agujetas en las piernas de andar y en los brazos de cargar bolsas, acabo con una máxima: Larga vida a los centros comerciales.

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3 thoughts on “Tardes de Café y Donuts

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