No es fácil

caldera

De pronto pierdo el equilibrio, suelto la pala e intento agarrarme a algún sitio. El agua supera el nivel de mis rodillas y la compuerta de salida está cerrada.

Calma, las calderas no pueden dejar de funcionar, así que recojo mi pala y continúo con mi tarea a pesar de la inclinación del terreno.

“No es un trabajo fácil ese de calderero” me dijo mi madre antes del viaje. ¡Qué razón tenía! ¿Quién me iba a decir que aguantar las altas temperaturas sería el menor de mis males?

Más carbón. Más inclinación. Mi cara es una masa de mezcla de sudor y hollín.

Algo choca en mi espalda que me tira irremediablemente al suelo y ruedo hasta la boca de la caldera número dos. La pendiente que tengo ante mí no me permite levantarme y siento el fuego devorando mis ropas y mi cuerpo.

Y es que no es fácil…

“Microrrelato que escribí hace unos años para un concurso  por el centenario del hundimiento del Titanic. Espero que os guste.”

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